Qué es una hernia de disco
Entre cada dos vértebras hay un disco que funciona como amortiguador: un anillo fibroso por fuera y un núcleo gelatinoso por dentro. Con los años, la carga repetida, el sedentarismo o un esfuerzo mal hecho, el anillo se debilita y el núcleo puede desplazarse hacia afuera. Eso es una hernia. Cuando la hernia toca o inflama una raíz nerviosa, el dolor baja hacia el glúteo o la pierna; cuando no la toca, se queda en la zona lumbar y se siente como un dolor profundo que empeora al estar sentado o al agacharse.
No toda hernia duele. Muchas personas tienen hernias en la resonancia y nunca lo supieron. Por eso la imagen sola no decide nada: lo que importa es cómo se relaciona con los síntomas.
Los síntomas más frecuentes son fáciles de reconocer:
- Dolor lumbar que aumenta al estar sentado mucho tiempo, al toser o al inclinarse hacia adelante.
- Rigidez al levantarse de la cama, que cede al empezar a moverse.
- Dolor que se irradia al glúteo o a la pierna, a veces con hormigueo.
- Episodios que vuelven cada pocos meses y que cada vez duran más.
Afecta sobre todo a personas en plena actividad laboral. Quienes trabajan muchas horas sentados, cargan peso o hacen deportes de impacto la desarrollan con más frecuencia.
Cuándo conviene consultar
Conviene consultar cuando el dolor lumbar dejó de ser un episodio aislado: cuando pasaron semanas y no mejora, cuando te condiciona al elegir una silla o un viaje, cuando dormís peor o cuando los antiinflamatorios se volvieron parte de la rutina.
También conviene consultar si ya hiciste reposo, tomaste medicación, hiciste kinesiología y quizá te infiltraron, y el alivio duró poco. Ese es exactamente el punto donde tiene sentido evaluar otra cosa.
Y hay dos situaciones en las que la evaluación sirve para decir que no. La primera es la urgencia: pérdida de fuerza progresiva en la pierna o el pie, dificultad para controlar la vejiga o el intestino, o adormecimiento en la zona genital. Eso requiere una evaluación quirúrgica inmediata, y la clínica lo deriva sin demora. La segunda es el primer episodio reciente: una hernia que apareció hace pocas semanas, en general, mejora con el tratamiento habitual y tiempo, y no hace falta un protocolo para eso.
Cómo lo evalúa el equipo médico
La primera consulta es una evaluación, no un tratamiento. Tiene tres partes:
- Historia clínica. Desde cuándo duele, si baja por la pierna, qué lo empeora, qué lo alivia, qué tratamientos ya se hicieron y con qué resultado.
- Estudios. Resonancia magnética de columna lumbar, que muestra el disco, la raíz nerviosa y el canal. Radiografías de pie, que muestran la alineación y si hay inestabilidad entre vértebras. Electromiograma si existe, que muestra si la raíz está comprometida.
- Examen físico. Movilidad de la columna, fuerza de la pierna, reflejos, sensibilidad y las maniobras que reproducen el dolor.
Con eso, el comité médico define si el caso es candidato a un protocolo, y en ese caso, cuál. Ese paso intermedio, el comité, es lo que evita que la decisión dependa de una sola persona.
Qué opciones existen
Hay que decirlo completo, no solo la parte que nos toca.
Lo que se hace habitualmente. Reposo relativo y breve, porque el reposo prolongado empeora el cuadro. Analgésicos, antiinflamatorios y relajantes musculares, que alivian pero no cambian el proceso. Kinesiología y reeducación postural, que es útil en cualquier etapa y fortalece los músculos que protegen la columna. Bloqueos o infiltraciones epidurales con corticoides, que desinflaman la raíz por un tiempo variable.
Lo que hace la clínica. Cuando esas opciones ya no alcanzan y no hay indicación quirúrgica, el equipo propone un protocolo de medicina regenerativa: procedimientos ambulatorios y mínimamente invasivos, orientados a la inflamación y al entorno del tejido discal y de la raíz nerviosa, con terapias de soporte que preparan el terreno, como la oxigenoterapia hiperbárica y la sueroterapia. El protocolo se diseña para cada caso y se sigue con controles programados.
La cirugía. La discectomía y otras técnicas tienen indicación clara cuando hay déficit neurológico o un dolor que no cede con nada. En esos casos se deriva. La discusión no es «cirugía sí o cirugía no», sino en qué momento, y qué se puede hacer antes de llegar ahí.
Qué esperar
Los resultados dependen del tamaño y la ubicación de la hernia, del tiempo de evolución, de la postura en el trabajo y de cuánto se acompañe el protocolo con el trabajo muscular. Por eso la evaluación es el primer paso y no un trámite: es lo que permite decir qué es razonable esperar en cada caso, y cuándo no vale la pena intentarlo.
Si querés que el equipo médico mire tu caso, escribinos por WhatsApp con tu resonancia a mano. La sede está en Nordelta, a veinticinco minutos de Capital.